Chimpalcé

El ejemplar de Chimpalcé que estáis viendo es una captura realizada durante  mi reciente viaje por tierras Afrinadienses. Podéis pensar que cazar estos animales tan extraños para nosotros es una gran crueldad. ¡Pues nada más lejos de la realidad, amigos! El Chimpalcé es una incomodísima plaga en esas tierras: se cuentan a millares por metro cuadrado, son muy ruidosos y se cagan por todas partes. La verdad es que es casi imposible no cazar un chimpalcé en Afrinadá. Yo tengo cierta aversión por las armas (y también por las gallinejas) y me miraban con mala cara (los afrinadienses, no las gallinejas) por no querer matar ninguno de estos pobres bichos. Cuando regresé a casa y deshice las maletas aparecieron cinco gallinejas (algún gracioso afrinadiense que sabía de mi fobia) y tres chimpalcés. Yo me quedé con este y los otros dos los dejé escapar. Creo que cometí un gran error. En un mes escaso la colonia de chimpalcés del parque del Retiro empieza a resultar incómoda. Sí, las gallinejas me las comí. Me lo recomendó mi psiquiatra.

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3 comentarios to “Chimpalcé”

  1. Willy Uribe Says:

    Chimpalcés hambrientos que duermen en las barcas del estanque del Retiro. Juro que es verdad. Los he visto. He escapado de ellos.

    • Aitorelo Says:

      Y yo fui testigo de la profunda marca de su cornamenta en tu piel. Por cierto, me acaban de decir que el polvo de cuerno de chimpalcé es altamente afrodisiaco. ¡Es lo que tienen los polvos!

  2. Anderea Says:

    Ja, ja, ja, ja…

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